La sangre del pueblo

Y se acaba la ira, y vosotros insensatos

callad vuestras pistolas,

parad vuestras bombas.

Sabed que cuando asesináis, matáis al pueblo,

las ideas que defendéis,

callad vuestras pistolas,

parad vuestras bombas.

Dejad que los niños jueguen en la calle,

que ese anciano descanse en el parque,

parad esta locura insensata.

Yo os pido que calléis vuestras armas, que calléis vuestras bombas.

Parad esta locura borracha de odio,

dejad por un momento vuestro papel de Rey Midas,

que convierte en desolación y odio todo lo que toca

¡Callad vuestras pistolas!

¡Parad vuestras bombas!

¡No a ninguna guerra, no a ningún asesinato,…!

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Domingo Sangriento

Hoy no me cabalgan los días,

la sangre se evapora de mis venas,

los ríos se secan, se marchitan las horas.

Ya no queda que llevarme a los ojos

nada, salvo las lastimas de mi agonía.

Hoy comienza mi domingo sangriento,

la desolación se pasea entre la nada de un mundo sin cosas,

de un mundo roto que cabalga sin rumbo.

Ni los mismos cielos que fluían, resisten la vista.

Ya no queda nada, en el mundo no hay nadie.

Sólo mi espectro se pasea, sólo el vacío queda.

El sembrador de estrellas

Soy el sembrador de estrellas que cabalga el firmamento

Soy el sembrador de sueños de tu noche abierta

Soy el sembrador de amapolas de tu campo inmaculado

El que creó esperanzas en tu regazo, y cosechó tus ataques de ira

Sembrador de una cosecha de infortunio recojo la mies de mi fracaso más inmundo

Soy el sembrador de tu cielo negro humo

Soy el que recoge vientos sin desatar las tormentas,

el que recoge malos frutos antes incluso de sembrar tu estepa.

Mi amor más dulce

Soy un mar en calma rota, soy jinete de sus olas, espuma hirviente, su blanca sal, amargura remota

soy una fusa una corchea, silencio, incluso octava, y mi balada es tu billete a mi Opera silenciosa

Mi dolor de ahora, en este ya mismo, es un segundo en mi camino y tú, eres canción que me conforta

Soy tu bastón, tu hombro, tu no reproche de anoche, ni de anteayer, ni de ante nadie, ni nunca

Inamovible pilar, el que sustenta mi mundo, mi inquebrantable pilar, sin la menor fisura.

Soy ante todo el ser que duerme, el que llora mares y desborda sonrisas, soy arista en tu diamante, perfil en tu semblante, gota en un océano, incluso tormenta, tifón, y tú la calma, un claro en la espesura…

Soy incógnita dependiente, y tú constante en la fórmula que determina mi trayectoria hiperbólica.

Eres matriz de mi cheque de ilusiones, mi renta fija, mi erario privado, mi aval societario.

Vitamina, mi azúcar, el pan de cada día, una fibra en mi filocardía… Mi amor más dulce

‘Alunizaje’ 

Se rompió

esparciendo astillas

quebrada quedará hasta el fin de sus días,

se rompió

carcomida en su médula

no volverá nunca a sonreír mi niña,

se rompió

y así rasgada

en una esquina seguirá vencida.

 

Se rompió, se rompió en mil pedazos

tras un hachazo desmesurado.

Y rota, tan rota y rajada en sus últimas fibras

ni un soplo de aire revivirá sus pálpitos.

 

No volverán nunca a brotar sus llantos

en el centro de sus desdichas,

pignoradas al dolor de un beso,

ardiente y mordaz hasta las últimas .

 

Rota, tan rota como un roto, muy roto guiñapo

sus últimas fuerzas las dedicará a su fuga,

planeada mil noches de encierro,

estudiada milímetro a milímetro.

PD: La esencia de una vida desenfadada y sincera recorre cada una de las líneas de este poema, al compás de cada rima, uno de mis latidos expira para que otro renazca..