III (Ansia Voraz Capítulo Confesiones)

Resuenan en el aire las frías notas

de un instrumento que nadie toca

que entona una triste copla.

 

Mi alma clama por salir a flote

rezumando por mi piel cristalinas gotas

que apenas al tocar el aire se evaporan.

 

Me hace caer en un extraño sueño

el palpitar convulso que siento

al percibir mis sentidos un suspiro ajeno.

 

Al amanecer los rayos del sol

derretirán los hielos que congelan mi pecho

para que mis ojos se llenen otra vez de gotas.

 

Mañana al despertar de mi letargo

tu serás el bálsamo calmante

con el que sanar mis cicatrices.

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Las estrellas de tus ojos

 

Quisiera contemplar toda mi vida

las estrellas de tus ojos,

quisiera soñar cada noche con el roce de tu piel,

contemplar cada mañana el amanecer de tu sonrisa.

 

Quisiera seguir soñando

cuando ya  el sol está en lo alto,

no faltar un sólo día al desayuno de tu boca.

 

Mañana será otro día,

hoy sólo quiero contemplar

las estrellas de tus ojos.

Son mis aristas sin pulir

Si pudiera volver a un pasado…

uno no muy lejano, dijéramos ayer

quizás anteayer, a lo sumo pasado,

cambiaría un par de cosas que esos días pasaron.

 

Como cambiar lo ocurrido,

ni yo ni nadie puede, ni pudo.

El pesar de lo pasado me pesa

y lo ocurrido después me apena.

 

Por eso en estas líneas poderosas

sinceras y deslizadas de mi puño

manifiesto mi pesar y arrepentimiento.

 

Aquí y ahora, dejo escrito

que si bien, no prometo nada

intentaré cambiar aquello que te disgusta.

Escoba

Si yo fuera una escoba…

Si yo fuera una escoba, muchas cosas barrería…

Lo que seguro que no barría, sería el polvo de mis zapatos,

para que quedara constancia de todos los lugares que han pisado.

 

Barrería recuerdos malos, no para tirarlos presto,

sino que para que con un poco de arrestos, juntar todo lo malo en un cesto

y poder seguir andando recuerdos, ligero de equipaje y ávido de tus besos…

 

09-01-2019