poema XV (Melodías de seducción)

Si todo lo que soy

se evaporara en un segundo

y sólo quedaran de mí,

mas que unas pequeñas gotas,

seguro que en ellas

hallarían ocultas,

las razones del amor

que te profeso.

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Primavera y Otoño

La hoja que cae del árbol

eres tu cuando te vas,

pero el árbol sabe

que la primavera volverá.

El árbol llora en otoño

y renace en abril.

Yo lloré cuando te fuiste

y aún no renací.

PD: Feliz día de la poesía… (Ahora ya casi 10 años de primavera a tu lado… Te quiero)

¿Y de beber?, vino

¿Y de beber?, vino

quiero el vino rojo como  el rubí,

el de aroma embriagador

el que me corra por las venas

y me encienda el corazón.

 

No quiero el vino añejo,

ni el flojo, ni el recio.

Quiero bañar mis labios con el mejor vino

el que me emborrache los sentidos.

 

Ese que guardas entre rejas

es el que deseo en mi copa

para regar nuestras cenas

ese mismo, me lo traes ahora

para que me calme las penas.

La sombra pasa

la sombra pasa y yo me aferro a ella,

bajo mis pies descalzos, siento la arena moldeando mis huellas,

el mar acuna las olas, que desdibujan la playa.

La sombra pasa, ya no nubla mi vista

yace en el olvido todo en silencio, un cúmulo de males rancios.

La luz de un sol dorado y radiante me devuelve de un abismo impuro,

la sombra pasa, de un negro atroz, a un blanco puro.

Pasa y sigue pasando y todo lo extraño, lo inútil, lo malo, se va borrando.

El manto gris que cubría los recuerdos, se disipa en volutas de humo,

la sombra pasa  y la oscura cortina, manto incluso que me cubría antaño

ya no entorpece mis vacilantes pasos.

La sombra pasa y siento tus labios libar los míos

en la comunión del sueño, en el acompasado latido sordo.

La sombra ya disipada, lejana, vulgar nubecilla

da paso a un mañana de armonía, a un renacer de cuento.

La sombra, siempre ella, cernida sobre mi cabeza, nublando mis ideas

¿Será cierto que pasa? Sí , la sombra pasa

y al volver la vista al lejano horizonte de mi vida,

parece vagar sin rumbo, alejándose mucho.

El eco de tu voz resonando en mis tímpanos,

el latido de tu pecho acompasado y nítido,

la caricia recreándose en tu piel,

las miradas azuladas tímidamente chocando.

Es definitivo, la sombra pasa

y el día claro, como mis sentimientos

amanece de nuevo después de una larga noche.