Cómplice del viento, me arrastré tras tu helada estela, empapando tu deseo elíptico,

cómplice del mar cálido, deshelé tus respiros embriagándolos con el calor de mis latidos armoniosos.

Sin el alma del mapache, juguetón y salvaje… no hay convite de veos y quieros…

Poema es lo eterno, es lo hermoso, fue lo rimado con tu cuerpo y el mío.

Jungla de ladrillos asfalto y acero residencia de tu brutal indeferencia, fue la tumba de mis despojos raídos,

en metano ahogaste mis sentidos, con el gas de tus suspiros venenosos.

Me tragué los anzuelos, como el que hambriento merienda gustosamente el pan de cada día

supliqué tus caricias como un niño llora a la mujer que le alimenta en su seno

Nunca llegué a rozar tus fibras, ¡Despierta ilusa! No habrá nadie para besar el suelo que pisas…

Y yo inocente, creí alcanzar tus pasos y sólo conseguí tragar el polvo de tus zapatos,

creí besar un ángel blanco, una diosa griega, una ninfa bella, tan solo fue el delirio de un sueño anónimo.

Mi amor por ti, no fue en vano, me llevo el puzzle de mi alma en la mano, alguien habrá que lo restaure.

En tu brutal juego Dama blanca, he aprendido a montar mi defensa india, el enroque, el gambito.

Navego ya hacia los puertos de mi remoto paraíso, alegándome de tu peligrosa costa caribeña…

Aun dolido de tus amores rancios, mi mente aguarda silenciosa el revivir de mis latidos.

He aprendido que amarte, es pelearme con un enjambre de blanquecinas mariposas letales.

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